Un adiós, que nos costo decir adiós….

Como todos los viernes, a las 8 pm inicia la nueva aventura, la adrenalina se viste conmigo para ir a verla, llego a la calle donde vive, con un auto prestado porque el mío una vez más descompuesto, en el estéreo una canción que presagia lo que sucederá esta noche.

“Las cosas por algo suceden tal vez yo no he podido comprender que el amor es un juego de perder y ya no queda más que hacer “

Doy vueltas por tu calle esperando verte salir y correr hacia mi coche y entre risas decirme “arráncate que comienza otra noche clandestina”, tu Madre barriendo la calle como vigilando lo que quizá ya sabe.
Me detengo a unos metros de tu casa miro al balcón y ahí están los dos, él tratando de explicarte no se qué cosa, tu muy seria cruzada de brazos pensando quizá en mi, le queda tan bien ese vestido floreado ese que jamás le había visto.
Entendiendo que esta noche no habrá cita a punto de irme, de repente aparece ya vestida como el día que le conocí jeans y chamarra azul, caminaba hacia mí con su sonrisa con su mirada fija a la mía, sus brazos alrededor de mi cuello, un beso y me dice “vayamos a nuestro nido”

Nuestro nido era un viejo cuarto abandonado en la esquina de su casa, pequeño con un sillón roto pero perfecto para el amor, muchos besos y de repente detrás de la cortina una silueta, sus ojos asustados, se asomo y yo escondido como si con eso fuera a ocultar el engaño, era él, con el rostro desencajado, lagrimas de impotencia corrían por su rostro, no decía nada, solo con la mirada le preguntaba: “porque, si yo te amo”

Ella con esa ironía que le caracteriza le dijo “que te me quedas viendo, vete por unos botes de cerveza y me los traes rapidito”.

Al irse él hacia la casa, ella me abrazo y en un segundo con las miradas enganchadas pasaron volando nuestros mejores momentos, se dio media vuelta y se fue corriendo tras de él, al subir al auto y con desesperación arrancarlo de nueva cuenta la misma canción, el repeat activado y no sabiendo de donde desactivarlo.

“Adiós, me quedo con tu risa, con sueños y cenizas y un pasado que esta noche se rompió, adiós”

Esa noche sin decir nada con la mirada nos dijimos para siempre adiós, ese adiós que nos tardamos algunos años en aceptar.

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A ti…

Bendito el día en que el destino quiso que acompañaras mis pasos, que entendieras mis palabras sin saber hablar, que tus brazos fueran siempre mi refugio cuando tenía miedo, que fueras el mago que hacía que apareciera en mi cama habiéndome dormido en el sillón, que fueras mi primer entrenador de futbol aun yo con las piernas chuecas y sin gracia para jugar, que fueras mi primer admirador cuando por primera vez use corbata.

A ti siempre agradeceré tu don de mando, tu manera tan directa de decir las cosas,  tus consejos, tu mirada tierna después de un regaño,  tu apoyo durante mi formación académica, tu manera de tratarme como a su niño aun ya no viviendo en tu casa.

A ti que ahora tu voz llevas guardada, que tus manos ya no acarician mi barba, que tus piernas ya no patean un balón para jugar con tu nieto, a ti todo mi respeto y mi amor.

Hoy tu mirada me dice todo lo que me amas, tus lágrimas son ahora tus palabras, gracias por hacer de mí lo que ahora soy.

Gracias Papá